Nunca había visto nieve así. La vería toda la noche entera: la vería como la ve un indigente, la vería detrás de un vidrio y mí casa calefaccionada, la vería con ojos de perro abandonado, la vería de tantas formas, maneras, situaciones. Ahora la veo con júbilo.
Hasta un ciego la podría sentir. Más no escuchar.
Es bella y majestuosa.
Pero siempre silenciosa.

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